
"Al Vuelo", Escultura del artista Francisco
Bellorín.
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EN EL ZULIA DESAPARECE SISTEMÁTICAMENTE
EL PATRIMONIO ESCULTURAL / EN MARACAIBO LAS ESCULTURAS DE LÍA
BERMÚDEZ (PASEO CIENCIAS), FCO BELLORÍN (PLAZA DE
LA MARINA), Y FERNANDO ASIÁN (PEBETERO DEL ESTADIO PACHENCHO
ROMERO), HAN SIDO DESMONTADAS Y DESARMADAS SIN CONOCIMIENTO, CONTROL
NI ANUENCIA DE SUS AUTORES, NI DE LA CIUDADANIA COMO PROPIETARIA
FINAL DEL PATRIMONIO ARTÍSTICO DE LA CIUDAD.
MIENTRAS LA ALCALDÍA
HACE OIDOS SORDOS A ESTA REALIDAD QUE TAMBIÉN PROMUEVE,
LA GOBERNACIÓN IMPULSA PROYECTOS INADECUADOS, EFECTICTAS
E IMPOPULARES.
Viene ocurriendo desde hace mucho tiempo en Maracaibo. Cada vez
que se remodela algun espacio citadino, desaparece el antiguo mobiliario
urbano y las esculturas y otros objetos de uso ornamental o público
que constituian dicho espacio.
Todos sabemos como la remodelación y el "mantenimiento" de calles
y plazas se ha convertido en una actividad sospechosamente reiterativa
y hasta, a veces, obviamente innecesaria.
Lo que no todos sabemos es qué ocurre con esos bienes patrimoniales
de los que la ciudad viene siendo despojada, y lo que quizás sea
mas importante, ¿por qué se suceden, se permiten y obvian
tales muestras de incivismo?.
La evidente responsabilidad de alcaldes y gobernadores sin mayor
sensibilidad hacia el tema que la soplada por algún "experto" o
"comité ad hoc", designado y consultado por obra
de algún revuelo mediático de última hora, no exime
la responsabilidad ciudadana de los habitantes de Maracaibo, y
de sus demás
dirigentes, particularmente de los autonombrados "dirigentes
culturales",
y de la sociedad en general, dueña
al fin de su patrimonio histórico y cultural.
El estravio de esculturas, su destrucción y pésima
suerte ha tenido recientemente varias expresiones a través
de la desubicación de
las realizadas en su momento por los artistas Jesús Soto,
Lía Bermúdez
y Victor Valera para el Paseo Ciencias, espacio transformado sin
fundamento racional alguno, y mucho menos artístico en algo
indefinible.
La obra "Al Vuelo" del artista Francisco Bellorín, trás un periplo
de ubicaciones, termina desapareciendo durante la remodelación
de la Plaza de la Marina. su mas reciente domicilio.
El pebetero "El Sol" del artista Fernando Asián, que constituye
la pieza escultórica de mayor tamaño
(21 metros), y nobleza de materiales empleados (ácero inoxidable),
de las existentes en la ciudad, ha sido removida de su ubicación,
la cual correspondia a la adecuada para su función, y que además
respetaba y completaba anteriores estructuras de acceso al pebetero.
Para el momento actual nadie conoce el destino final de esta pieza,
que junto a las anteriores y a tantas otras desaparecidas o desmontadas,
definen y representan expresiones culturales que enriquecen nuestro
gentilicio, nuestra historia, y el respeto y consideración debidos
a nosotros mismos y a nuestros visitantes.
Por alguna aberración del poder, los gobernantes de turno
se creen dueños
de los espacios públicos.
De alguna forma, los ciudadanos de Maracaibo estamos obligados
a romper nuestra ancestral tradición de permitir a los menos capaces
dirigir nuestro destino político. ¿Qué pasó con aquel
Maracaibo pionero en la cultura y el desarrollo? ?¿Lo enterró
el excremento del diablo?.
Fernando Asián
De los creador@s a la comunidad Zuliana.
Enviado por Evelyn Canaán / Maracaibo, Diciembre 2006
Ante la increíble desaparición de la escultura del
artista Francisco Bellorin denominada "Al vuelo" - también
conocida como "El Pájaro" o "El Gallo"-
ubicada en el Parque La Marina en la ciudad de Maracaibo los abajo
firmantes basados en el artículo 99. de la Constitución,
donde se establece que "Los valores de la cultura constituyen
un bien irrenunciable del pueblo venezolano y un derecho fundamental…" manifestamos
lo siguiente:
Denunciamos la irracional intervención de algunos espacios
públicos, principalmente por la Gobernación del Estado
Zulia, que con la figura del rescate y/o rehabilitación
de dichos espacios ha violentado en varias oportunidades el marco
legal vigente al haber consumado varios actos de ecocidio y de
destrucción de infraestructura con significación
histórico-cultural para la población zuliana.
Estos actos, de los cuales algunos se encuentran en procesos judiciales,
además constituyen una afrenta a los distintos creadores
y creadoras de la región. De igual manera, dichas intervenciones
han evidenciado que los encargados de desarrollarlas carecen del
más mínimo criterio y/o experticia para el manejo
de las obras de arte que estos espacios albergan o albergaban.
La desaparición de la obra de Bellorin, no es el primer
caso. De la misma manera algunas obras como las de Lía Bermúdez
y Víctor Valera que se encontraban en el Paseo Ciencias
fueron indebidamente removidas, por algún tiempo también
desaparecieron, apareciendo nuevamente incompletas y parcialmente
destruidas.
Manejamos información, producto de las averiguaciones que
algunos preocupados por la obra han realizado, de que difícilmente
podrá ser recuperada, tanto así que se presume haya
sido vendida como chatarra.
Y es que no podía ser de otra manera, en tanto que las vicisitudes
que rodearon el desmantelamiento de la obra así lo presagiaban.
Primero, el organismo ejecutor de la rehabilitación del
Parque La Marina, Corzutur, dependiente de la Gobernación
del Estado y encargado del desarrollo de políticas de turismo
regional, no tiene un proyecto definido para dicho espacio, razón
por la cual no ha sido presentado, como se establece por ley, al
Instituto de Patrimonio Cultural.
Por otra parte, la empresa que desmanteló la obra, lo hizo
sin ninguna supervisión especializada. De hecho, ante el
requerimiento de información sobre la escultura de parte
del I.P.C., representantes de Corzutur manifestaron su desconocimiento
acerca de que dicha instilación fuera una Obra de Arte.
Este tipo de situación corrobora que las políticas
de intervención de los espacios públicos en la región
se encuentra en manos de personas que aún deben demostrar
su capacidad y experiencia, además de que dichas acciones
parecen estar movidas por otros intereses que van más allá de
la habilitación de espacios para la comunidad. A tal efecto
surgen una serie de preguntas: ¿Dónde esta la obra? ¿Quién
es el responsable de su desaparición? ¿Quién
le repondrá a la ciudad el valor de la misma? ¿Hasta
cuándo la Gobernación del Estado atentará contra
el patrimonio ecológico y cultural de la región?
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