ZAMORA, MAGIA,
POESÍA Y VERDAD
Por Luis Britto García
Enviado por Luís Merchán
Durante una década redacté un guión
cinematográfico sobre Ezequiel Zamora, circunstancia
que expuse ante el ciudadano presidente Hugo Chávez
Frías en reunión celebrada con los cineastas
Román Chalbaud y Pino Solanas el año 2004 y
en reunión tras el Aló Presidente en Carora,
con el ministro Francisco Sesto, el año 2005. En julio
de 2006 celebré con La Villa del Cine un CONTRATO
DE ESCRITURA DE GUIÓN, en el cual se establece que “Luis
Britto García, cédula de identidad 2.115.056,
que en lo sucesivo se denominará EL GUIONISTA” se
compromete a “la escritura de cuatro (4) guiones para
televisión en clave de ficción, y el desarrollo
de una versión para un largometraje, que en lo sucesivo
se denominarán la Obra, a través de los cuáles,
se destaque el reconocimiento de la vida, obra y pensamiento
de Ezequiel Zamora, el General del Pueblo Soberano”.
Entregué el trabajo en el plazo previsto, y su filmación
fue encomendada a Román Chalbaud, quien el 5 de agosto
de este año me escribe: “Hola,
Luis: Estoy orgulloso de que la Villa del Cine me haya llamado para dirigir tu
prodigioso guion sobre "Zamora", lleno de magia, poesía y verdad.
Estamos en plena etapa de preproducción y comenzaremos a rodar a mediados
de octubre. Me gustaría reunirme contigo. Abrazos solidarios y felicitaciones
por tan hermoso trabajo: Román Chalbaud.
En la sección “Más Chévere” de Últimas
Noticias del 2 de septiembre aparecen declaraciones de un guionista de RCTV en
el sentido de que “La Villa del Cine me propone escribir esta versión
sobre Zamora. Estuve en un período de cuatro meses para elaborar el guión,
dos de investigación y dos de escritura”. Parece extraño
que la Villa del Cine busque a un guionista de RCTV para escribir un guión
ya escrito, y que éste se atreva a elaborarlo tras “dos meses de
investigación”.
Todo el mundo sabe en Venezuela quién es capaz de investigar con respeto
y seriedad la vida de Ezequiel Zamora y elaborar un guión con magia, poesía
y verdad sobre él, y quien no. Todavía es hazmerreir nacional un
director de teatro que pretendió hacer pasar por suyo un libro sobre arte
corporal de un inglés. No quiero imaginar el descrédito que puede
recaer sobre quien pretenda usurpar un trabajo preexistente sobre el General
del Pueblo Soberano, y sobre quienes lo apoyen. Un guión no es algo que
se arrebata como un celular y después se revende como si tal cosa. Ezequiel
Zamora merece conocimiento y respeto. Por si cupiera alguna duda, acompaño
a la presente la primera secuencia de mi guión, y en archivo aparte, el
texto integral, que está abierto a la consulta del público en el
Registro de Propiedad Intelectual desde el año pasado. Atentamente,
Luis Britto García
Registro de Propiedad Intelectual 20 de junio de 2006 / N° 13.748 / Un guión
original de Luis Britto García (Bajar
.pdf)
ZAMORA
CAPÍTULO 1
LA LANZA DEL LLANERO
ESCENA 1
EXTERIOR. AMANECER. LLANOS CENTRALES
Generador de caracteres: Llanos centrales, 1840
Sol naciente.
Panorama de los llanos centrales.
Primer plano de cabeza de un zamuro.
La cámara recorre un festón de carcasas
de animales, sobre las cuales aletea una zamurera en medio
de un obsesivo zumbido de moscas.
Plano general de cielo en el cual giran zamureras.
Entra en cámara el rostro del joven Ezequiel Zamora,
quien en 1840 conduce un arreo de ganado por los llanos
centrales de Venezuela.
ZAMORA:
-La peste está devorando el Llano.
Zamora es un joven a quien una requisitoria librada en
1847 describe así: “Pelo rubio pasudo y bastante
poblado, color blanco y algo catire, frente pequeña,
ojos azules y unidos, nariz larga perfilada, nuca pequeña
y algo sumida, labios delgados, barba roja y escasa, estatura
regular, cuerpo delgado, muy junto de muslos y piernas
manetas y cubiertas de un vello ásperos; los pies
son también largos y flacos; es de un andar resuelto...” Para
el inicio de la película tendrá unos 23 años.
Su vestidura es la misma de los cinco llaneros que lo
ayudan en el arreo. Para la época Ramón Páez
, hijo de José Antonio, afirma que la indumentaria
del llanero “consta principalmente de una larga y
amplia camisa de bizarros dibujos en colores, y de unos
calzones abotonados a la rodilla”. Estos calzones,
muy amplios y holgados, se abotonan con una uña
de pavo, o garrasí. Los llaneros no calzan zapatos;
a veces, alguna alpargata de cuero o cotiza, aunque sí utilizan “un
par de polainas de cuero, o botines, sujetas fuertemente
a la pierna por botones o clavos de buena plata labrada,
sirven de protección contra las espinas y yerbas
sabaneras”. Como tocado llevan “el pañuelo
de tela rayada negligentemente atado a la cabeza. Su aparente
uso es para protegerlos de la fuerte intensidad del sol,
pero, el constante hábito de llevarlo, ha hecho
de ese pañuelo un tocado indispensable para el llanero” (Páez,
45). Sobre el pañuelo a veces llevan sombreros de
cogollo. También portan una manta de lana de color
azul de un lado y rojo del otro, que sirve para dormir
y a veces para cubrirse: lucen hacia fuera el rojo, que
refleja los rayos solares, cuando hay calor, y el azul,
que recoge los rayos y el calor, cuando refresca.
Al lado de Zamora cabalga su cuñado, amigo y protector
Johann Gaspers, revolucionario utopista de origen alsaciano,
cuya edad pasa de la treintena. No se conservan retratos
de Gaspers; podemos imaginárnoslo alto, con cabellos
algo claros y tupido bigote, probablemente con unos lentes
al aire que señalan su condición de empedernido
lector y de teórico. Al hablar se le nota un remoto
acento alemán, que no debe ser exagerado. Aparte
de unas botas y alguna otra prenda como un sombrero que
revelan alguna influencia europea, también viste
como los llaneros.
Gaspers mira la zamurera, entrecerrando los ojos para
disminuir el fulgor de la sabana.
GASPERS:
-Primero murieron los caimanes. Después los peces.
Después los monos. Después los caballos.
Y sin caballos, se muere el llano...
Entra en cámara un llanero, esgrimiendo una vara
de arreo de unos tres metros:
LLANERO:
-¡Mañana, prenda adorada
Me voy pa una vaquería!
¿Quieres tú que yo me acuerde
de tu amor todos los días?
Zamora se le adelanta, por no tragarse la polvareda del
arreo, y le contesta:
ZAMORA:
-¡Que no me mate una res
Ruégale a Dios en tus rezos
Que alguna flor sabanera
Me jará pensá en tus besos!
Otra bandada de zamuros echa a volar a la distancia, entre
altos pajonales.
RAFAEL FLORES CALVAREÑO, un llanero negro de unos
cincuenta años, mira con el ceño fruncido
el vuelo de los animales, frena su caballo, y dice:
RAFAEL FLORES CALVAREÑO:
-Poallá viene una comisión con gente armá.
Este que está acá se despide, no vaya a ser
que estén agarrando a los esclavos que nos soltaron
por servicios en la Independencia, pa devolvéselos
al amo.
GASPERS se yergue sobre el caballo, frunce el ceño
y se tapa el sol con la mano, intentando en vano distinguir
algo en la dirección que señaló Rafael
Flores:
GASPERS:
-Pero cómo lo van a detener, Flores. Usted es libre
por ley.
Flores enasta una punta de lanza en el extremo de la vara.
FLORES:
-¡Por Ley! ¡Cómo se ve, catire, que
a usted nunca lo han amarrado de un botalón como
un becerro!
¡Y no digo que soy guapo
Mas si este negro se enoja
Yo no veo quien lo recoja
Si le hace espuma el guarapo!
GASPERS voltea, pero de Flores y su caballo sólo
queda la polvareda del galope.
ESCENA 2
EXTERIOR. DÍA. LLANOS ORIENTALES
ZAMORA mira hacia la llanura, donde distinguimos ahora
la veloz aproximación de un grupo montado.
Si es posible, la cámara debe fotografiar el grupo
montado con la zamurera en primer plano, de manera que
parezca que los recién llegados surgen de entre
las aves de rapiña.
En comitiva cabalgan un oficial, tres soldados con fusiles
y un escribiente de Tribunal con incómoda levita,
chaleco y sombrero de ciudad, que los sigue a duras penas
en una mula, secándose el sudor con un mugriento
pañuelo.
Para el momento, el uniforme de la tropa se compone de
blusa y pantalón blancos, muy sueltos, con fornitura
y cartuchera negras de cuero, y kepis, a veces con una
cobija enrollada atada al tórax, que los jinetes
prefieren atar a la parte posterior de la silla. El calzado
es usualmente de alpargatas. Este uniforme será el
usual posteriormente para ambos bandos durante la Guerra
Federal.
Para el momento, los oficiales conservan el uniforme que
se adoptó hacia finales de la Guerra de Independencia:
casaca y pantalón azul, chacó de suela negra,
fornitura y polainas negras. Cada oficial lleva las insignias
de su grado, y usualmente porta un sable.
Salvo algún kepis y una ocasional insignia o correaje,
por sus disparejas armas, sus desarregladas y desgastadas
ropas y su catadura los recién llegados parecen
una partida de salteadores.
Casi instintivamente, los llaneros que siguen a Zamora
y Gaspers están a punto de espolear sus caballos.
Zamora alza la mano y los detiene con un gesto, adelantándose
al encuentro de la comisión.
OFICIAL:(Extendiendo la mano)
-¡El peaje!
ZAMORA:
-¿Qué peaje, si aquí no hay camino?
OFICIAL:
-Ahí mismito está un límite entre
Estados. Lo acaba de pisar.
GASPERS:
-¿No sabes, Ezequiel, que en Venezuela hay que
pagar peaje para pasar de Venezuela a Venezuela?
Con el ceño fruncido, Zamora saca monedas de su
escarcela y va poniendo en la mano del Oficial, hasta que éste
parece quedar contento.
OFICIAL:
-Quién es usted y dónde se dirige.
ZAMORA:
-Ezequiel Zamora, comerciante en ganados. Le llevamos
este arreo al que lo compró, Matías Araure, “Gavilán”.
El escribiente se une por fin al resto de la comisión,
se pasa el pañuelo arrugado por la frente sudorosa,
saca un legajo escrito en papel sellado de la época,
y dice, señalando las reses:
ESCRIBIENTE:
-Por autoridad de este tribunal quedan embargados, como
bienes del deudor insolvente Matías Araure también
llamado Gavilán, como garantía de los acreedores
y las costas judiciales del proceso.
GASPERS (entre dientes):
-Llegó la peste.
El Oficial acerca su caballo al de Zamora y pregunta,
con sorna:
OFICIAL:
-¿Y quién era ése que arrancó al
vernos?
ZAMORA:
-Un mozo que preguntaba por el camino a Charallave.
OFICIAL:
-¿Llanero preguntando camino? ¿Usted no
sabe que es delito ayudar a esclavos fugados?
Zamora guarda silencio, impasible.
ESCENA 3
EXTERIOR. DÍA. CASA DE HATO EN LLANOS CENTRALES
Un perro ladra a la comitiva de recién llegados.
La casa de hato es apenas un modesto rancho, con algunos
caballos que pacen la hierba, algunas gallinas, dos o tres
cochinos, y si es posible, un potrero con desvencijada
cerca.
En primer plano, se enfrenta a los recién llegados
Matías Araure, “Gavilán”, un
sesentón de rostro curtido por la intemperie y mechas
grisáceas, con desgastado traje de llanero, roídas
alpargatas y una punta de lanza terciada en el cinturón.
GAVILÁN:
-¿Embargado, yo? ¿Me van a quitar la tierra
que me dio Bolívar por diez años de campañas?
El escribiente lee aquí y allá de los enmarañados
legajos:
ESCRIBIENTE:
-...De la aplicación del interés convenido
de 45%... De la sumatoria del capital mas los intereses
mas los intereses de los intereses... mas las costas procesales...
mas las cantidades en mora acumuladas y multas...
GASPERS, inclinado sobre la silla, comenta entre dientes
a Zamora:
GASPERS:
-La peste... se comerá al género humano...
GAVILÁN se enfrenta a la comisión, cada
vez más furibundo:
GAVILÁN:
-¿Qué vaina es esa? ¿Pedí prestados
trescientos pesos para comprar caballos que me mató la
peste y tras cinco años pagándolos ahora
debo dos mil? ¡Ninguno de ustedes sabe lo que es
ganarse un solo peso trabajando!
ESCRIBIENTE:
-Otrosí no permitiendo la ley plazos ni obstáculos
para el inmediato remate de los bienes... pudiendo el mismo
acreedor efectuar legítima oferta por la cantidad
que a bien tuviere... para ser subastados de inmediato
en los términos de la ley del 10 de abril de 1834,
y desalojado el susodicho ocupante...
GAVILÁN:
- ¿Desalojado? ¡Esta tierra me la gané peleando,
y no me la quitan sino peleando!
GAVILÁN desnuda la lanza que lleva terciada, una
daga larga de las que usaron los soldados de la Independencia
como punta de sus lanzas, y se planta ante la puerta de
su rancho, desafiante.
Los soldados amartillan sus fusiles.
ZAMORA intenta interponerse, pero antes de que lo logre,
revienta la descarga de fusilería.
GAVILÁN es derribado por el impacto de las balas
en su pecho; por un lado vuela su desgastado sombrero de
palma y por el otro la punta de lanza.
Gaspers y los cuatro llaneros de la comitiva de Zamora
se llevan la mano instintivamente a sus respectivas lanzas.
Manteniendo su control a duras penas, Zamora los aquieta
alzando la mano:
ZAMORA:
-No más sangre.
ZAMORA se inclina sobre el moribundo, que se desangra
por varias heridas. Gavilán apenas puede tomar la
punta de lanza, ofrecérsela a Zamora, y susurrar:
GAVILÁN:
-Gracias... Esto es suyo... Me la dio el catire Páez
en las Queseras del Medio... donde voy no la necesito...
Zamora toma en su mano la punta de lanza, la examina y
discierne una “P” toscamente grabada en el
mango.
Gavilán abre la boca, pone en blanco los ojos y
expira.
EL SECRETARIO mira con codicia hacia la punta de lanza,
consulta el legajo, y lee, consultando las hojas:
SECRETARIO:
-Se procederá al embargo de bienes muebles e inmuebles...
comprendidas herramientas...
Zamora, a punto de perder el control, le asesta una feroz
mirada.
El SECRETARIO alza los ojos en busca de aprobación
hacia el OFICIAL, el cual, asqueado de la usura leguleya,
hace una mueca de desdén, frunce el ceño
y mueve la cabeza negativamente.
ESCENA 4
EXTERIOR. CREPÚSCULO. CASA DE HATO DE GAVILÁN
Zamora, Gaspers y sus cuatro llaneros terminan de cubrir
de tierra una tosca sepultura. Gaspers lee de un estropeado
volumen del utopista Gracus Babeuf, como si fuera un libro
de oraciones:
GASPERS:
-“Veo sin camisa, sin traje, sin zapatos, a la mayoría
de los que cultivan el lino y el cáñamo,
la mayoría de los que producen las materias textiles,
la lana o la seda, la mayoría de los que las hilan,
hacen la tela y los tejidos, preparan el cuero, confeccionan
los zapatos. Veo igualmente que les falta casi todo a los
que trabajan manualmente... si observo seguidamente la
débil minoría a la que nada falta, aparte
de los propietarios de los terrenos, la veo compuesta de
aquellos que no producen nada... ¡El pueblo se basta
a sí mismo!”
Gaspers cierra abruptamente el libro. Ninguno de los presentes
parece encontrar nada extraño en el curioso responso,
de tono casi evangélico.
El escribiente lee un papel que acaba de redactar, y lo
entrega a Zamora:
ESCRIBIENTE:
-En nombre de la República y por autoridad de la
Ley... se encomienda al ciudadano Ezequiel Zamora, vecino
de Villa de Cura y comerciante en ganados... de ejecutar
en servicio de este tribunal la entrega de los semovientes
al legítimo acreedor y ahora propietario...
Uno de los llaneros termina de atar con una soga de cuero
una tosca cruz de palo, y dice la siguiente copla, a la
vez conmovido y furioso, plantando al terminar la cruz
en el suelo, como quien asesta un lanzazo:
LLANERO:
Después de tanto sufrir
Y tanto pasar trabajo
Tenerse uno que morir
¡Qué buena vaina, carajo!
Zamora, Gaspers y sus cuatro llaneros, parados ante el
sepulcro, se quitan los sombreros, y quedan perfilados
contra el crepúsculo.
ESCENA 5
EXTERIOR. AMANECER. LLANOS CENTRALES
Amanecer.
Zamora, Gaspers y los cuatro llaneros siguen conduciendo
el arreo, evitando con sus largas garrochas que se desvíe
el toro madrinero, al cual sigue el resto del ganado.
Zamora se yergue sobre los estribos, y otea la llanura.
Una polvareda anuncia un gran grupo de llaneros a caballo
que cerca un tropel de ganado cimarrón.
Un padrote rompe el cerco y echa a correr hacia el llano
abierto, seguido por varios llaneros que gritan e intentan
inútilmente enlazarlo.
Como movido por un instinto, Zamora espolea su caballo
y se lanza a la persecución del padrote.
En la pista musical, un animado pajarillo acompaña
las tomas siguientes.
En la rápida persecución, Zamora deja atrás
en un instante al más rápido perseguidor,
un hombre maduro que pasa de la cincuentena, en sombrero
de cogollo, con el pecho cruzado por una banda azul de
la cual cuelga un sable,.
Zamora se inclina sobre la montura, agarra la cola del
toro, le da un tirón formidable, y el animal rueda
pataleando.
Mientras los restantes jinetes llegan entre una nube de
polvo, Zamora desmonta, cae sobre el padrote, le mete el
dedo gordo del pie en el ojo para inmovilizarlo, con destreza
fulminante ata las patas del animal y salta para alejarse
de sus convulsiones.
Zamora, en pie, se quita el sombrero para saludar al hombre
maduro, que frena su caballo ante el padrote atado que
se debate inútilmente.
ZAMORA:
-Ezequiel Zamora.
El jinete maduro se quita lentamente el sombrero de cogollo,
dejando ver una melena leonina y rizada, de reflejos claros,
y una cara ancha y enérgica, curtida por el sol
de los llanos, y se presenta:
PÁEZ:
-José Antonio Páez.
Juan Gaspers, que acaba de llegar, refrena su caballo,
y cubriéndose la boca con el puño para aguantar
la risa ante el atrevimiento de su joven cuñado,
añade:
GASPERS:
-Presidente de la República.
El joven Zamora queda un instante en pie, desconcertado,
mientras el jinete maduro y varios de sus jinetes con lanzas
le dan vueltas alrededor, esperando la reacción
del jefe.
Páez al fin rompe a reir, y grita:
PÁEZ:
-¡Bien hecho! ¡Se me jué alante!
Los llaneros bajan el círculo de lanzas y echan
a reir, como niños, mientras sus caballos sofrenados
hacen cabriolas y alzan las manos al aire.
ESCENA 6
EXTERIOR. DÍA. LLANOS CENTRALES
Los llaneros descabalgan y caen sobre el padrote, le perforan
las narices con una punta de lanza, le pasan una soga por
ella.
El animal muge, impotente.
Zamora va hacia su caballo y toma unos papeles y la punta
de lanza de “Gavilán”.
ZAMORA:
- Si usted es el Presidente, esto es suyo.
Zamora le entrega el legajo de papeles del embargo de las
propiedades de Gavilán, que Páez, todavía
en la silla, examina con desgano.
ZAMORA:
- Y esto también.
Zamora le presenta la punta de lanza que le entregó Gavilán.
Los lanceros, sobresaltados, apuntan sus lanzas hacia Zamora.
Zamora voltea la punta de lanza para presentarle ostensiblemente
el mango a Páez, quien hace una seña. Los
llaneros bajan sus lanzas. Páez toma la punta de
lanza, frunce el ceño y la examina.
Sus ojos escrutan la tosca P grabada en el mango de la
punta de lanza, y levanta la mirada hacia Zamora.
PÁEZ:
- ¡Gavilán! ¿Cuándo lo vio,
catire?
ZAMORA:
- Ayer lo mataron.
La expresión de Páez se ensombrece.
ESCENA 7
EXTERIOR. NOCHE. CAMPAMENTO EN LLANOS CENTRALES
Páez y su comitiva de llaneros, Zamora, Gaspers
y sus acompañantes cenan carne asada, cortando con
las dagas de las puntas de las lanzas, separadas de las
varas, trozos de la carcasa de una res que se asa en una
hoguera al aire libre.
Un maraquero y un cuatrista cantan turnándose un
viejo romance de la Guerra de Independencia, que por momentos
se sobrepone a la conversación y a los chasquidos
del fuego, y sigue, variando de intensidad, durante el
diálogo entre Zamora, Gaspers y Páez. El
director decidirá, en el montaje final de la escena,
cuáles coplas deben hacerse audibles y cuáles
quedar como una música de fondo que no tape la conversación:
MARAQUERO:
A la lanza del llanero
Le echó Dios su bendición
Diciéndole: mata godos,
Viva la revolución
CUATRISTA:
Para no entuertar la lanza
Del godo en la retirá
Hay que lancealo en la nalga
Que no tiene que quebrá
MARAQUERO:
EL veinticuatro de junio
Fue la pelea e Carabobo
Donde corrieron San Juan
Los patriotas y los godos
CUATRISTA:
Morillo sintió el rajuño
Boves el cacho torció
Que la lanza del llanero
La bautizó el mismo Dios
MARAQUERO;
Morales capituló
Con el agua a la garganta
Si no capitula monda,
Como lo dijo la Campos
CUATRISTA:
Morales capituló
Con el agua a la rodilla;
Si no capitula, monda
Como lo dijo Padilla.
MARAQUERO:
El año de veinticuatro
Comimos coco y patilla
Y nos hubiéramos muerto
Si no nos llega Padilla
CUATRISTA:
A doña María Campos
Señora muy distinguida
La azotaron en un burro
Porque victoreó a Padilla
MARAQUERO:
Diga Zulia a boca llena
Quién lo liberó de males,
Cuando el general Morales
Lo apresó con sus cadenas
CUATRISTA:
Santa Marta y Cartagena
Río de Hacha y el Mompós
Digan, respiren por Dios
Por quien gozan libertad
MARAQUERO:
Por él, como lo dirá
Toda Colombia a una voz
Y su muerte está clamando
Ante los ojos de Dios
Mientras suena la primera copla, Páez, melancólico,
da vueltas a la punta de lanza de Gavilán, acariciándola
y mirando los destellos que le arrancan las llamaradas
de la hoguera.
PÁEZ:
-Gavilán, Gavilán... En la Guerra de Independencia...
cuando yo entraba en batalla me daba como un ataque, como
un síncope, y yo caía echando espuma bajo
las patas de los caballos... Gavilán era el que
no se despegaba de mí, y me cubría de los
lanzazos cuando yo no sabía de mí... Y lo
primero que yo veía después de la batalla
era su cara y me decía: “Ganó, catire”...
o me decía “Perdimos, catire, qué vaina,
perdimos todo menos la vida”.
Zamora mira hacia la oscuridad, impenetrable.
ZAMORA:
- Murió defendiendo las tierras que le dio la Patria.
Páez clava la lanza en el suelo, mirando también
en otra dirección.
PÁEZ:
-Ahora la Patria soy yo.
Aumenta de intensidad la voz de cantante, que canta el
viejo romance de la Guerra de Independencia.
Un chorro de grasa disuelta cae de la carne asada a la
hoguera, que revienta en una chispeante llamarada.
PÁEZ:
- Ahora la Patria es una sarta de bandoleros que asaltan
en los caminos… Hace poco tuve que ir solo hasta
la guarida de uno llamado Cisneros, que no dejaba tranquilo
ganado ni comercio… No hubo manera de rendirlo por
la fuerza… Al fin cayó con un indulto… Todos
caerán…
Páez, con la palma de la mano, empuja la contera
de la lanza de Gavilán, que se hunde todavía
más en la tierra.
Gaspers deja el trozo de carne que comía llevándoselo
a la boca con las manos, mira a Páez, carraspea,
y se resuelve a contestarle, con una voz en la cual quedan
todavía restos de acento alsaciano:
GASPERS:
-Con todo respeto, Presidente… muchas de esas gentes
no andarían juntando ganado en tierra ajena si la
República les hubiera entregado las tierras que
les adjudicó Bolívar por servicios militares
durante la Independencia…
PÁEZ:
-A la República le dio la gana de retardar la entrega
de tierras… A los soldados les dio la gana de venderme
baratos los títulos… A mí me dio la
gana de comprárselos, para ayudarlos…
GASPERS:
- Y ahora usted tiene las tierras y los soldados no tienen
donde caerse muertos…
Páez voltea hacia Gaspers, molesto:
PÁEZ:
- ¿Y usted de dónde es, catire?
GASPERS:
- Nací en Alsacia… Soy alemán o francés,
según quien ocupe mi país... Me persiguieron
porque a las autoridades no les gustaba cómo pensaba… Y
me vine a un país donde hay libertad de pensamiento…
PÁEZ:
-Usted tiene suerte, catire… En este país
todo el mundo hace lo que le dé la gana… Hasta
que a alguien le da la gana de no dejarlo hacer…
Zamora sigue atento la conversación, sin atreverse
a intervenir, con aire de quien examina minuciosamente
lo que escucha. Páez repara en él, y le pregunta:
PÁEZ:
-¿Hacia dónde siguen camino, mozo?
ZAMORA:
-Con el cuñado arreamos hacia Caracas para comprar
a crédito unos bastimentos.
PÁEZ:
-Si es su voluntad les presto una escolta para defenderlos
de alguno de esos que creen que todo es de todos.
Zamora sonríe, modestamente:
ZAMORA:
-No, gracias, Presidente. Ya no llevamos ganado, ni dinero,
ni papeles ¿Qué podrían quitarnos?
PÁEZ:
-La vida.
Zamora acentúa la sonrisa, mirando hacia la lejanía.
ZAMORA:
- La vida es de Dios. Y Gavilán nos protege.
El MARAQUERO alza la voz cerrando con los siguientes versos:
MARAQUERO:
Pero antes de terminar
Quiero decir mi saber
Que fue José Antonio Páez
Que para el agua era pez
Quien dijo ¡vuelvan, carajo!
Volvieron cara y después,
No quedó ni uno en la silla
De los jinetes del rey.
Páez sonríe, melancólico, al recordar
la vieja hazaña, y se guarda en el cinto la lanza
de Gavilán.
Vista panorámica del grupo en una llanura nocturna
en la cual las hogueras parecen extinguirse lentamente.
ión. |